A primera vista, la radiografía macroeconómica del Perú muestra indicadores sólidos. La economía peruana mantiene una proyección de crecimiento de alrededor del 3.4% sostenida en gran medida por términos de intercambio excepcionales: cotizaciones récord en metales clave como el cobre y el oro que han llevado el superávit comercial a niveles del 3.9% del PBI.
Sin embargo, detrás de la bonanza del sector externo existe una tensión estructural en el frente interno que los analistas, empresas calificadoras e inversionistas no pueden ignorar.
Términos de intercambio en máximos históricos
El dinamismo de las exportaciones primarias ha actuado como un amortiguador eficaz frente a la incertidumbre global. La demanda de metales críticos para la transición energética ha asegurado un flujo continuo de divisas, manteniendo la balanza de pagos en posición de superávit y mitigando volatilidades en el tipo de cambio. Este viento de cola ha permitido al Banco Central de Reserva del Perú (BCRP) gestionar la política monetaria en un contexto donde la demanda interna de sectores no primarios muestra una recuperación moderada.
El dilema de la consolidación fiscal
El verdadero reto para la sostenibilidad macroeconómica se concentra en las finanzas públicas. A pesar de la recuperación de los ingresos fiscales impulsada por la actividad minera y comercial, el déficit fiscal ha mostrado resistencia a bajar de los niveles objetivo del Marco Macroeconómico Multianual.
El problema de fondo no radica en la recaudación, sino en la rigidez del gasto público y la aprobación continuada de medidas legislativas que incrementan compromisos financieros de largo plazo. A diferencia de ciclos pasados de bonanza exportadora —donde el país acumulaba ahorros en el Fondo de Estabilización Fiscal (FEF)—, la capacidad de ahorro del Estado se encuentra sustancialmente mermada.
Riesgos en el horizonte hacia el 2027
La combinación de un menor ahorro fiscal con la eventual moderación en los precios de los commodities proyectada para los próximos dos años reduce el espacio de respuesta ante shocks externos o eventos climáticos. De no encauzarse una consolidación fiscal creíble, la trayectoria del ratio Deuda/PBI que ronda el 30% podría enfrentar presiones al alza, elevando el costo de financiamiento soberano y corporativo en los mercados internacionales.
En conclusión, el Perú continúa disfrutando de un colchón macroeconómico envidiable en la región, pero la bonanza minera no debe sustituir la disciplina en las cuentas públicas. El gran reto hacia el 2027 no será crecer gracias a los precios internacionales, sino construir una buena estrategia fiscal que nos sea útil en épocas de vacas flacas, como se dice coloquialmente.